Historia y Cosmovisión

El primer quipu encontrado en el Perú data de la época de Caral aproximadamente hace 5000 años. Desde tiempos lejanos los habitantes del territorio sur  lograron transmitir de generación en generación esta síntesis de conocimiento realizada con nudos y sogas;  pasando por los períodos históricos de culturas locales o de conquista e integración; a través de Horizontes e Intermedios en un período de 3500 años en total. La última etapa de realización de los quipus fue con la cultura incaica, y su existencia está asociada al uso administrativo para controlar el trabajo de las comunidades, así como el intercambio de bienes  en cantidades exactas, y que son descritas por sorprendidos cronistas españoles, quienes no podían entender como un objeto de algodón o lana podía almacenar esta información.

Los quipus eran leídos por los quipucamayocs, un cargo que ha sido relacionado siempre con hombres en la historia tradicional, y en algunos casos debían ser transportados por chaskis a través de todo el extenso mapa del Qhapac Ñan. Sin embargo, recientes estudios (xxx) han sugerido que la función de lectura del quipu no era estrictamente para los maestros entrenados para este fin, sino que también hubieron mujeres que ejercieron como quipucamayocs.

Esta afirmación no nos debe sorprender ya que la cosmovisión andina incluye el sentido de DUALIDAD como energías de correspondencia de todo acto o creación. La mujer tiene una participación potente en la conformación de las sociedades prehispánicas, incluso un valor mucho más influyente que las mujeres de Europa en la misma época. Es un elemento primordial en la construcción del Imperio o sistema incaico; y esto lo podemos observar claramente en los mitos y leyendas que llegó a recopilar la etnografía y la etnohistoria. Por ejemplo en la leyenda de los Hermanos Ayar donde es Mama Huaco la que da el golpe certero que intimida al pueblo ocupante de Qosqo y los hace huir. O  la presencia de mujeres gobernantas como la Dama de Cao y la Dama de Chonampaq en el Norte, con tumbas que revelan la importancia y trascendencia de sus actos, siendo consideradas con un poder único reflejo de animales míticos y de fuerzas naturales.

En el Acllawasi las mujeres eran educadas para diversas labores que consolidaban el poder del Inca; algunas preparaban la comida en los viajes, aprendían a tejer unkus al igual que los hombres, y habían las que el Inca ofrecía como esposas a los curacas de nuevos territorios conquistados, para consolidar la alianza. En este contexto, las mujeres eran el nexo con el gobierno central, y su presencia era prioritariamente una forma de control y observación. Como consecuencia, son mujeres que podían generar, interpretar y enviar información de interés mayor para el Inca, y es así como pueden haber sido excelentes quipucamayocs, en todo el sentido de la palabra y el cargo.

Hoy en día los quipus están dentro de las colecciones de museos, asociados a sus funciones matemáticas; pero no es lo único que el objeto nos hereda. Existían quipucamayocs que mirando el quipu – cuentan los cronistas -  podían contar las historias de los Incas más antiguos representados en mallquis, comparables a cantares de gesta, epopeyas, triunfos convertidos en alabanzas. El quipu está asociado a la memoria histórica por la manera como es leído, así como por la capacidad de juntar información concreta de números en grandes cantidades. Es un contenedor de sabiduría y su valor es recíproco con la persona que lo lee.

En nuestros días, Alexandra Grau ha decidido emprender el camino de la interpretación de los quipus. No desde la representación ni de la mímesis sino desde la misma materia, que es el origen de la manufactura: telas, algodón, soga, macramé, gasa, bordados, encajes, plumas. Las texturas inusuales rozan y movilizan el contexto histórico, transformando estos quipus modernos y de gran dimensión en un viaje sensorial. Alexandra amarra las sogas a grandes troncos de árbol que se trajeron las recientes llocllas manifestación del Fenómeno del Niño y de nuestra naturaleza indomable y periódica, y con esta acción integra la memoria del pasado con el accionar del presente, así como enlaza distancias culturales y espaciales; y en el deseo de reciclaje, manifiesta el sentido de la puesta en valor y de rescate de lo que consideramos ya tiene fin. Así abre y cierra círculos que podrían estar asociados a ciclos de sanación o renacimiento.  

Alexandra busca – de manera intuitiva o por impulso creador – reformular un espacio de pensamiento en los nuevos quipus creados,  conectando el pasado muchas veces no entendido de la vida de los quipus, - que ahora se encuentran estáticos bajo vidrios de seguridad y sin quipucamayoc - con formas vivientes, articuladas, que tienen propia dinámica, que nos envuelven y que nos arrullan, que se transforman en grandes paisajes de secreta humanidad.  A través de sus quipus Alexandra deja entrever su lado femenino en su máxima potencia creadora, algo que contiene un ADN muy antiguo, de símbolos relacionados con los pensamientos más sublimes que ayudan a trascender los espíritus más allá de su existencia física, y que reavivan y conectan nuestra memoria con un sentido más amplio del ser y del comunicar.

 

REBECA RÁEZ

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